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Esta publicación incluye:
— Grabación de estudio en formato descargable de Pulso de azar.
— Notas de voz de 2019 con versiones iniciales de la composición del tema.
— Letra completa y créditos artísticos de la canción.
Cuando decidí crear Habitácora, tenía guardadas en un cajón tres canciones grabadas y producidas artísticamente por un músico al que quiero y admiro, y mezcladas y masterizadas en un estudio profesional. Todo ello, además, financiado gracias al esfuerzo económico derivado de mi actividad laboral, que no es esta, evidentemente.
Estas tres canciones, junto con una cuarta que ya había publicado como adelanto, iban a formar parte de un EP que pensaba lanzar siguiendo los cánones habituales de la industria musical: teaser, planificación, altas varias en plataformas varias, pre-save, coordinación con curadores, grabación de videos, redacción de textos, promoción en redes sociales, envío de notas de prensa, contacto con medios...
Pero, debido sobre todo a mis circunstancias personales tras el fallecimiento de mi madre, me cansé de tanto ruido. De tanto esfuerzo baldío. De tener que desplazar una parte considerable de mi energía hacia tareas ajenas a mi esencia para obtener, finalmente, una repercusión cercana a cero.
Y entonces creé Habitácora. Mi obra definitiva y aglutinadora.
Un espacio en el que compartir mis poemas, mi poesía digital y mis canciones con quien quisiera acercarse a mi obra de una manera tranquila y sosegada. Un lugar donde hacerlo periódicamente, de forma directa, sin los intermediarios algorítmicos de las redes sociales y, para quien así lo decida, mediante una pequeña aportación económica que ayude a sufragar los gastos de producción y mantenimiento de todo lo que vengo haciendo.
Porque, al final, ahí es donde quiero concentrar mi energía: en la obra creativa. En escribir, componer, grabar, sonorizar, producir. En aquello que me permite conectar con mi esencia y que da sentido a todo lo demás.
La repercusión sigue siendo muy pequeña. Habitácora no ha cambiado eso de manera radical. Lo que sí ha cambiado es mi relación con mi propia obra. No recuerdo haber sido tan feliz con lo que hago como durante estos meses de vida del proyecto. Crearlo fue un absoluto acierto personal y ya no concibo mi presente sin la dedicación, el cariño y el cuidado que deposito aquí cada semana.
Y todo esto viene a cuento porque, cada vez que me propongo compartir una de aquellas canciones grabadas en estudio antes de que existiera Habitácora, vuelve a aparecer la misma duda: ¿no debería publicarla siguiendo los cánones de la industria musical? ¿Preparar el lanzamiento, moverla en redes, intentar entrar en listas, buscar medios, alimentar de nuevo toda esa maquinaria?
Y, como en las dos ocasiones anteriores, termino llegando a la misma conclusión: no.
Al menos, de momento.
No me apetece volver a someter cada canción a un proceso que termina convirtiendo su publicación en algo mucho más agotador que su propia creación. Tampoco quiero medir necesariamente el valor de lo que hago por el número de reproducciones, seguidores, inclusiones en listas o impactos conseguidos. Si el precio de aspirar a una repercusión que, como artista independiente, suele ser mínima consiste en apartar una parte importante de mi energía de aquello que verdaderamente sé y quiero hacer, prefiero utilizar esa energía de otra manera.
Prefiero compartir estas canciones aquí.
Con quienes llegan cada sábado, cada domingo y dedican un rato de su tiempo a leer y escuchar con calma. Con quienes han decidido habitar este espacio conmigo. Y, especialmente, con quienes, mediante su aportación, hacen posible que pueda seguir creando y produciendo obra nueva.
Por eso, después de «La vereda» y «Décimas para el Guernica», las dos primeras canciones que decidí compartir en primicia con mis mecenas, hoy recupero otra de aquellas grabaciones y la dejo también aquí, en Habitácora.
Se trata de «Pulso de azar», una canción que habla del inesperado y fortuito nacimiento de una historia de amor, una noche cualquiera, entre dos personas.


