A la memoria de Pilar Aguilar López, mi madre,
cuya pérdida hizo crecer en mí una herida transversal
SONETO ELEGÍACO PARA MAMÁ
¡Desnádame, Mamá, este vacío!
¡Descólmame de lágrimas la nada!
¡Desmarchítame, al fin, la madrugada!
¡Desapágame el sol seco y umbrío!
¡Descállame el silencio en este hastío!
¡Desaléjame el mar con tu llegada!
¡Desllena de mi ser la luz cansada!
¡Desarráncame el beso tuyo y mío!
¡Desapéname el nombre consternado!
¡Deshunde de tu Dios el alma inerte!
¡Desciérrame en el pecho un ojalá!
¡Desduerme de tu sueño delicado!
¡Desemprende el camino hacia la muerte!
¡Desmuérete, desmuérete, Mamá!
EL DIALECTO DE NUESTRAS MANOS
Allá, en el hospital, me apretabas la mano cuando te lo pedía.
Eran las muestras últimas —no quise darme cuenta— de tu amor maternal.
Ya no hablabas apenas, mas yo asía tu mano y tú me la apretabas: como un gesto de vida, una frase anatómica, o un te quiero en silencio.
Cuántos años, Mamá, sin tomarnos las manos.
Cuántos años, Mamá, sin ese simple gesto de tomarnos las manos.
Y ahora asumo la infamia de no tomar tus manos cuando pude, pues sé que he de vivir en adelante sin que mis manos ciegas se fundan con las tuyas.
Seguramente yo, unas horas después del nacimiento, ya agarré tu pulgar con mi mano pequeña, también sin decir nada, mientras tú me mirabas.
Y cerramos el ciclo con nuestras manos torpes y tomadas sobre una blanca sábana de hospital, desamparados.
Yo apretaba tu mano como un interrogante. Y tú me respondías con tu mano certera, sembrando certidumbres.
Te quiero, me apretabas.
Yo apretaba: te quiero.
Nuestras manos unidas, sellando el amor nuestro: el de un hijo a su madre, el de una madre a un hijo.
Nuestras manos tomadas, después de tantos años sin tomarnos las manos, trajeron de regreso a este mundo, durante un breve instante, nuestro propio dialecto: el idioma que nunca hablará nadie, el que nació conmigo y ahora muere contigo.
La lengua umbilical en que nuestros te quiero eran el puente intacto e invisible de tu mano a la mía.
Y ahora mi mano huérfana tiembla sola en el aire.
¡Qué terrible silencio!
EMBARCADERO
En este embarcadero de días
que es mi cuerpo ahora.
LA IGLESIA
Yo no lo sabía, Mamá, pero la primera iglesia que te encuentras al entrar en Santiago desde el Camino Portugués es la Iglesia del Pilar.
Me detuve ante ella. Estaba cerrada. Y empecé a llorar, desconsolado ante esa nueva metáfora o casualidad causal con que me obsequiaba el camino. Otra más.
Supe entonces que mis pasos, mi peregrinación, esos trece días caminando en tu honor, terminaban allí, y no en el Obradoiro. Mi recorrido acababa en aquella pequeña plaza vacía, frente a la inesperada iglesia cerrada que tenía tu nombre.
UN MUNDO QUE YA NO EXISTE
Divago por el tiempo.
No descarto estar inmerso en una delirante secuencia temporal que me hace recorrer la tarde de ayer tras la tarde de hoy; o transitar cualquier madrugada antes que su noche precedente.
Navego entre instantes insulsos, sin existencia plena en ellos.
Se han desmoronado los andamios del tiempo y habito en una eternidad sin vida.
Sé que —ahora más que nunca— debiera fabricarme un reloj o una casa con las ruinas de todos esos futuros que ya no podrán ser; armar un esqueleto, una estructura ósea de momentos, para sostener mi existencia actual, invertebrada y blanda.
Pero no encuentro los recuerdos necesarios que modelaron mi esencia, esos que me hicieron ser yo antes del colapso; el antiguo mapa de mi nombre; el espejo incorrupto.
Puedo reír, conversar como si no pasara nada, pero mi alma se ha sumergido en la melancolía y no hay sol ni calor ni corriente de aire que pueda secar, por el momento, esta tibia humedad.
Hoy sé —soy consciente de ello— que me estoy despidiendo del mundo, Mamá. De un mundo que ya no existe. Un mundo que se fue contigo y que dio paso a este otro mundo cuyo suelo o superficie aún no logro pisar con firmeza.
MUSEO
Los verbos se han adjetivado, se han quedado quietos, inmóviles, convirtiendo mi vida en un museo. Palabras como amar, querer, recordar, se han convertido en amado, querido, recordado. Verbos clavados con alfileres sobre mi lengua, como inertes mariposas que apenas muestran la belleza de otro tiempo, cuando estaban vivas.
LA HABITACIÓN BLANCA
Mamá está en una habitación blanca y amplia —diríase infinita—, infinita y blanca, con el suelo blanco, el techo blanco y cuatro paredes también blancas. Una de ellas tiene, en el centro, un gran ventanal blanco con vistas a un mundo blanco y sin formas definidas. No hay muebles ni objetos en esta habitación blanca y vacía. Solo está Mamá, vestida de blanco, inmersa en el blanco.
— Hola, Mamá.
— Hola, hijo.
Le tomo la mano y se la aprieto. Ella responde apretando mi mano.
— Mamá, ¿sabes quién soy?
— Claro: mi hijo.
Un extraño alivio sin esperanza me embarga.
— Mamá, sabes que te quiero, ¿verdad?
— Y yo a ti, hijo.
Mamá no puede abrir los ojos. Le pesan los párpados, por eso cuando le pido que los abra, ella se acerca al ventanal blanco e intenta sin éxito asomarse a ese mundo blanco que fue un día su mundo colorido y cotidiano y del cual se está despidiendo sin darnos cuenta.
— ¿Te ayudo a abrirlos, Mamá?
— Claro.
Le abro con delicadeza el párpado derecho, pero no del todo; aun así, puedo ver la pupila pequeña y cansada de su ojo derecho tanteando el espacio.
— ¿Ves algo, Mamá?
— Sí.
Me asomo a su enorme ventanal blanco y permanezco en él un breve instante, borroso y lejano, como una aparición pálida en la niebla.
— ¿Qué ves, Mamá?
— A ti.
Otros textos de este diario personal ya los había compartido en Habitácora, en versiones escritas y sonorizadas. Puedes volver a ellos desde aquí:
Y MAÑANA EN HABITÁCORA…
Mis mecenas recibirán mañana mi canción «Vamos», un canto esperanzado cuya grabación he realizado durante estas últimas semanas y que me apetece especialmente compartir estos días. Acompañaré la publicación, como siempre, con su proceso compositivo.
Si quieres acompañarme también en este proceso creativo,
puedes hacerlo aquí.










Qué regalo de la vida haber disfrutado de ese vínculo tan bonito. Que bonito y con cuánto amor lo cuentas.. estamos hechos de despedidas.. un abrazo grande!!😍😍