Lo que subyace
POESÍA | Nos encontramos al fondo de las capas superficiales con que la vida nos va cubriendo y bajo las que nosotros mismos nos vamos escondiendo.
Son muchas las ocasiones en que no nos mostramos tal como somos, incluso ante nuestra gente más cercana: por miedo al rechazo, por encubrir nuestra vulnerabilidad, por nuestras inseguridades. Preferimos escondernos tras la máscara que pensamos que nos define, porque creemos que es lo que los demás esperan de nosotros.
Nos excusamos en la falta de tiempo, en nuestro caótico día a día, para desaparecer, para ocultarnos, para no exponernos a según qué cosas o situaciones.
Pero este comportamiento evita que se establezca una verdadera conexión con quienes nos rodean. Nos hace olvidarnos de nuestra esencia, de lo que realmente importa. Y, en nuestra soledad, sabemos que no somos lo que mostramos. Somos el personaje y sus circunstancias, y no tanto la persona.
Este poema que hoy comparto contigo me lanza, te lanza, un reto: despojémonos, ante quienes queremos y nos quieren, de las capas, de las máscaras, de los disfraces. Si lo logramos, allí, al fondo, nos situaremos vulnerables y expuestos, sí, pero, de algún modo, nos estaremos legitimando.
Seamos entonces lo que esperamos de nosotros mismos.
Seamos nuestro yo más profundo.
Seamos lo que subyace.
LO QUE SUBYACE
Para El Tío Antoño
Lo que subyace.
Somos lo que subyace.
Y seremos por siempre
aquello que subyace.
Por encima, las capas,
cada vez más pesadas;
los agrios sedimentos
de nuestro día a día,
de nuestro mes a mes,
de cada año tras año.
Por encima, las capas,
las desinformaciones,
la escucha deformada,
las desidias, rencores,
olvidos recurrentes,
las miserias mundanas.
Lo que subyace somos.
Lo que está bien abajo.
Aunque a veces la lluvia.
Aunque a veces el aire.
Pero encima, las capas,
las distancias, los humos,
los egos, los enfados,
las luchas de poder,
las buenas intenciones,
las promesas sin tiempo.
Por encima, las capas,
los sueldos, las ciudades,
los relojes, el tráfico,
el metro, las sirenas,
las huelgas, las prisas,
los delirios…
Lo que subyace somos.
Lo que no puede verse.
Aunque a veces el cielo.
Aunque a veces la risa.
Pero encima, las capas,
las responsabilidades,
los whatsapp sin respuesta,
los tenemos que vernos,
los ojalá estés bien.
Por encima, las capas,
el ruido de las cosas,
la niebla que enmudece
el canto de los pájaros,
la voz de quienes faltan,
las despedidas áridas
de hastaluegos y adioses.
Por encima, esas capas.
Por encima, esas capas
cada vez más pesadas.
Pero debajo, al fondo,
lo que subyace somos,
lo que subyace.
Y seremos por siempre
aquello que subyace.
Nuestra esencia más líquida:
el mar emocionante
del que suben las lágrimas,
o al que bajan los ojos;
ese mar sin aristas,
circular e infinito,
donde fluyen las almas.
Allí,
livianos e incorpóreos,
por fin nos abrazamos.




Gracias Juanlu! Has hecho burbujear lo subyacente por un rato. Procurare escribirlo para que se quede mas rato en lo presente, atrapado en la libertad. Abrazos
Otra de tus preciosas y lúcidas poesías. No recordaba -o no sabia- que estuviera dedicada al Tio Antoño. Otro querido compñeo de micros.