El duelo
POESÍA | Comparto un breve texto en que reflexiono sobre el duelo como proceso sin plazos marcados, lleno de avances, retrocesos y formas distintas de convivir con la ausencia.
A finales de noviembre del año pasado ofrecí un concierto en la Sala Jazzville de Madrid. Había concretado esa fecha con muchos meses de antelación. El destino quiso que se tratara de mi primer recital en solitario tras el fallecimiento de mi madre, apenas tres meses antes.
En pleno duelo, decidí mantener la fecha y dar el concierto, intentando instaurar una cierta normalidad que, en realidad, no existía. Durante aquel recital decidí arroparme con un pañuelo que había pertenecido a mi madre, para sentirme acompañado, para sentirla cerca.
Surtió efecto porque, de algún modo, mi madre estaba allí, conmigo.
Es extraño el poder que tienen los objetos de las personas que ya no están. Mientras escribo estas líneas, sigo teniendo cerca ese pañuelo, esa tela de color dorado que aún conserva el aroma de mi madre. Lo tengo a la vista, sobre el sofá, no guardado en ningún cajón ni en ningún armario, por miedo a que se pierda ese olor.
Pasan los meses y soy consciente de que ese aroma tan familiar y especial para mí, al que recurro casi a diario, va perdiendo fuerza, se va diluyendo.
Sin embargo, mi duelo sigue vigente; mi proceso interior no termina de encontrar el alivio que el tiempo debía entregarme mientras le arrebata el olor al pañuelo y subraya, con indiferencia, mi orfandad.
Pensé que ese era el acuerdo tácito tras la pérdida: dejar pasar el tiempo a cambio de alivio. Pero me equivocaba. Lamentablemente, no funciona así.
EL DUELO
13/02/2026
El duelo es un proceso indefinido. No se acota en el tiempo. Dura lo que dura. Quizás no acaba nunca. Duele cuando duele. Y duele si no duele. Es duelo de doler y es duelo de enfrentarse a ese dolor. Es ausencia y dolor. Es memoria y dolor. Es contienda y dolor.
Y no es olvido, no. No puede serlo. No es olvido jamás.
Es mudanza, eso sí. Volubilidad. Reubicación de tiempos y de espacios. El destierro de un alma. Un brutal abandono.
No es ninguna secuencia. No avanza en línea recta desde la pérdida hasta la aceptación. Es un bucle asimétrico. Un ambiguo oleaje de inciertas embestidas. Impredecible angustia que nos ahoga, nos sumerge, nos arrasa. Siempre sin previo aviso. Cuando menos lo esperas. Por eso duele tanto cuando no se entiende, cuando no se acepta, cuando se combate. Si se intenta razonar, el duelo duele más.
Y va pasando el tiempo y, al final, uno aprende, a duras penas, a convivir con la ausencia del ser querido. Se ha ido preparando de manera inconsciente para ello. Y entonces ya no quedan más lágrimas, solo un tibio dolor que persiste en silencio, un rumor soterrado que entristece la vida, que le roba sentido, que acompaña los pasos y no se calla nunca.
El duelo es el dolor que se nos queda dentro, apostado en las esquinas de nuestro porvenir.
No aniquila el futuro, pero sí lo malhiere.




Qué bonito lo cuentas!!😍😍