«Desapariciones», un poema en el que puedes hacer desaparecer las palabras
POESÍA | Otro de los poemas que forman parte de mi poemario Dominó mariposa (Arscesis, 2021). Al igual que «La vida», el poema que compartí hace dos semanas, se trata también de un poema-juego.
Regreso a mi poemario Dominó mariposa, publicado por la editorial Arscesis entre finales de 2020 y principios de 2021, para mostrarte otro de los poemas-juego incluidos en él.
Hace dos semanas te compartí el poema «La vida». Allí ya te explicaba que este poemario consta de dos partes, «Dominó» y «Mariposa», cuyos poemas se encuentran estrechamente relacionados. La existencia de un poema en una de las secciones influye en los que habitan la otra. Y viceversa. Durante los años de escritura del poemario llamé a esa arquitectura compositiva «la cárcel estructural»: un sistema de restricciones que me obligó a ser más creativo a la hora de afrontar la escritura de algunos poemas, como el que hoy te traigo.
Dentro de esa cárcel estructural, el poema de hoy debía comenzar con el verso «Y desaparecemos» y concluir con el verso «la mirada se cansa».
Y este fue el resultado. Reproduzco directamente la página 41 del poemario, tal y como aparece en la edición original, ya que la estructura y la maquetación del poema forman parte de la propia obra y deben conservarse exactamente como se muestran en la imagen.
Como puede verse, el poema comienza como cualquier otro, con un par de versos. A continuación, aparece una zona central distribuida en tres columnas y concluye con un último verso de cierre.
Si, en una primera lectura, hiciéramos desaparecer esa zona central, el poema quedaría así:
Y desaparecemos. / En realidad, / la mirada se cansa.
Todos los poemas que pueden construirse a partir de esta página tienen en común esos tres versos. Constituyen el núcleo del poema, su versión mínima e irreductible.
LA ZONA CENTRAL
Como puede verse en la imagen anterior, la zona central —con ciertas reminiscencias del poema Blanco, de mi admirado Octavio Paz— presenta las siguientes características:
Está formada por tres columnas.
Todos los textos están escritos en minúsculas.
Carece de signos de puntuación que condicionen la lectura.
La columna central está compuesta en cursiva.
Si dejamos de lado estas cuatro premisas y realizamos una lectura convencional —de izquierda a derecha y de arriba abajo—, el poema resultante sería el siguiente:
Y desaparecemos. / En realidad, / nos apena existir en la materia. / Se nos pasa ejercer: / no hacemos falta. / Y nos pesa vivir frente a la noche. / Dejamos de crear. / O eso parece. / Alumbrar lo visible no sabemos. / Ni siquiera mirar: / no es suficiente. / Por eso, ante la luz, quedamos ciegos / y, en plena oscuridad, ya no nos vemos. / Necesitamos huir / mientras, / por indagar, nadamos con los ojos / al contemplar las grietas en la nada. / Y la mirada se cansa.
Esta sería la versión completa del poema.
Entre el poema mínimo que veíamos antes y esta versión completa se abre el espacio de juego del poema: un territorio en el que pueden generarse múltiples variantes de lectura.
Para ello, ahora sí, debemos adentrarnos en la estructura de su zona central.
LAS DIFERENTES LECTURAS
Si te fijas, la disposición de la segunda columna divide visualmente la zona central del poema en cuatro secciones horizontales:
SECCIÓN 1
SECCIÓN 2
SECCIÓN 3
SECCIÓN 4
Podemos generar nuevas lecturas suprimiendo algunas de esas secciones. Por ejemplo, si hacemos desaparecer las secciones 1, 2 y 4, el poema resultante sería el siguiente:
Y desaparecemos. / En realidad, no es suficiente. / Por eso, ante la luz, quedamos ciegos / y, en plena oscuridad, ya no nos vemos. / Necesitamos huir mientras / la mirada se cansa.
Además, dentro de cada una de estas secciones también podemos alterar el orden de lectura.
Por ejemplo, en la sección 1, la lectura convencional sería: «Nos apena existir en la materia». Sin embargo, también podríamos leer: «Nos apena vivir: no hacemos falta» o «Y nos pesa existir frente a la noche». Del mismo modo, en la sección 3 podríamos obtener lecturas como: «Por eso, ante la luz, ya no nos vemos» o «Y, en plena oscuridad, quedamos ciegos».
Las posibilidades no terminan ahí. La zona central también puede leerse por columnas, utilizando las tres o prescindiendo de alguna de ellas. En el siguiente ejemplo, hacemos desaparecer las columnas 1 y 2.
Y desaparecemos. / En realidad, / en la materia, no hacemos falta / frente a la noche. / O eso parece. / No sabemos ni siquiera mirar. / Quedamos ciegos. / Ya no nos vemos. / Con los ojos en la nada,. / la mirada se cansa.
O bien podemos, en un ejercicio de lectura libre, caótica o aleatoria, ir tomando las distintas porciones de texto a nuestro antojo, dejándonos llevar por el instinto hacia una voz poética imprevista que, de algún modo, acaba perteneciendo también a quien lee. Por ejemplo:
Y desaparecemos. / En realidad, / nos apena lo visible. / Se nos pasa vivir. / Dejamos de existir frente a la noche. / No sabemos alumbrar. / Ni siquiera mirar. / No hacemos falta. / Y, en plena oscuridad, / necesitamos huir mientras quedamos ciegos / al contemplar las grietas con los ojos. / Y la mirada se cansa.
Nada más por hoy. Espero que te haya gustado esta publicación. Quizá este sea uno de los poemas que más me costó escribir, pero también uno de los que más disfruté por su complejidad compositiva.
Te animo a que experimentes este poema-juego con tu propia forma de leer. Y, si te apetece, comparte en los comentarios el recorrido que hayas elegido o la versión del poema a la que hayas llegado.
Gracias, como siempre, por acompañarme.
Besos y abrazos,
jlu







