Décimas al Libertad
POESÍA | Comparto un conjunto de décimas dedicado al mítico Café Libertad 8, el gran templo de la canción de autor en Madrid.
Debo al Café Libertad 8, capitaneado desde hace años por Julián Herráiz, y muy especialmente a su Micro Abierto, coordinado desde 2011 por Andrés Sudón, la oportunidad de haberme subido con frecuencia a ese escenario durante muchos años, desde aquella primera vez el 16 de abril de 2013. Esta asiduidad me permitió adquirir unas tablas y una experiencia escénica impagables a la hora de afrontar recitales y conciertos.
Como pequeño homenaje, en 2019 escribí este conjunto de ocho décimas. Ocho, en alusión al número del portal de la calle Libertad en el que se encuentra el local. El último verso de cada décima es el primero de la siguiente, de modo que el último verso de la última coincide con el primero de la primera, conformando así una suerte de lectura infinita. Como ese ocho que, al tumbarse, también se convierte, de algún modo, en símbolo del infinito.
Es uno de los poemas a los que más cariño tengo, por todo lo que representa para mí. Y me emociona especialmente recitarlo sobre ese escenario.
Hace ya demasiado tiempo que no lo hago.
DÉCIMAS AL LIBERTAD
Para el Café Libertad 8, de Madrid,
bien llamado Templo de la Canción de Autor.
1
Algo tiene este escenario
sobre el que poso mi peso
que uno sube y queda preso
de un afecto extraordinario.
Hay un barco imaginario
varado en este lugar;
de este rincón y hacia el mar
en que se encuentran ustedes,
el artista echa sus redes
tejidas con su cantar.
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Tejidas con su cantar,
entrelazando emociones,
va entregando sus canciones
a quien las quiera escuchar.
El Libertad no es un bar,
es un templo, es una casa,
es el mar que el mar traspasa,
donde cada navegante
viaja en la piel del cantante
mientras el tiempo no pasa.
3
Mientras el tiempo no pasa
y el cuerpo se va llenando
de más alma y va encontrando
de la ceniza, la brasa;
del cimiento, la argamasa;
de la lluvia, el manantial.
En Libertad es normal
que, si uno entra sombrío,
salga sin ese vacío
y armado con lo esencial.
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Y armado con lo esencial
que es la vida, la belleza,
la piel, su delicadeza,
lo humano, lo musical,
la certeza existencial
que abre al sendero un camino
y uno se hace peregrino
para transitar su historia:
el Libertad es memoria
donde se forja el destino.
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Donde se forja el destino
con canciones y palabras.
Donde los abracadabras
del verso dictan su sino.
Donde una copa de vino
hace más dulce la espera.
Donde si el sueño durmiera
soñaría despertarse
pues va despierto a soñarse
bajo vigas de madera.
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Bajo vigas de madera,
junto a esta pianola,
la música vuela sola
con su luz más verdadera.
Si el Libertad no existiera,
el hueco de este navío,
como epicentro del frío,
helaría esta ciudad1.
Y entonces el Libertad
sería un cauce sin río.
7
Sería un cauce sin río
y a ese río sin caudal,
de su destino fatal,
lo salvaría el gentío.
Con su alegre vocerío
hacia el Libertad la gente
formaría un afluente
de voz, poesía y canción
y hasta este mismo rincón
llegaría esa corriente.
8
Llegaría esa corriente
hasta este octavo portal,
y cruzaría ese umbral
que une pasado y presente.
Desde esa barra, que es puente,
hasta el solemne santuario,
hay un rumor milenario
en que los sentidos flotan.
Hay algo aquí... ¿No lo notan?
¡Algo tiene este escenario!
Como curiosidad, estas décimas fueron escritas en 2019, unos meses antes de la pandemia y antes de Filomena, el temporal de nieve que azotó Madrid en enero de 2021. No deja de asombrarme cómo, al releerlas hoy, parece posible encontrar entre líneas ecos de ambas situaciones en las tres últimas décimas, en que se habla de una posible ciudad helada, y de la respuesta de la gente para salvar al Libertad.



